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EcoactualidadEn nombre de la moda

17 enero, 2019by Ismael Morales0
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En época de rebajas, la gente anda desbocada por la calle en busca de las mejores ofertas cual secuencia típica en una película de zombies. Las revistas de moda y las tiendas de ropa inundan medios de comunicación con descuentos inigualables en ropa, que por supuesto, no necesitamos.

La industria textil es una máquina incomparable de crear necesidades de la nada, de hacer sentir a la gente vacía cuando no lleva el último modelo ni viste como lo hacen los influencer (pagados por esas empresas) en las redes sociales. Según estimaciones del programa Detox (1) de Greenpeace, los beneficios que se auguran para esta industria son de un 63% para 2030. Es uno de los sectores más demandados por los consumidores junto con la tecnología, ambos generan beneficios económicos brutales de la mano. Ambos, están entre las industrias más contaminantes y perjudiciales para el medio ambiente.

Todos tenemos un outlet en el armario para el día a día, eventos especiales, senderismo, playa y deporte entre otros. Párate a pensar por un momento de donde provienen esas prendas, los productos a partir de los cuales han sido creados, el mísero sueldo y condiciones laborales de los trabajadores y los miles de kilómetros de transporte transoceánico desde una fábrica en un rincón perdido de una provincia de Asia.

Las emisiones de CO2 para la producción y distribución de textiles son el 8% del total mundial, pero no es el único problema que presenta. «Para producir ropa se necesita muchísimo transporte. Se requiere para obtener las materias primas y también para moverlas, porque hoy en día la mayor parte de la moda se produce en Asia y se distribuye por todo el mundo, lo que implica una enorme cantidad de emisiones de CO2»,Celia Ojeda, coordinadora de Consumo de Greenpeace.

Los vertidos químicos que se producen debido a la deslocalización de sus fábricas derivan en su filtrado en ríos y acuíferos para al final desembocar en el océano, provocando problemas para la flora y fauna. Estos productos pueden llegar a través de la cadena trófica a nuestra mesa, como ya es el caso comprobado de los microplásticos (los cuales también se desprenden de ropa abandonada que ha estado expuesta a factores ambientales).

El mercado de la moda ha experimentado en los últimos años una transformación en su estrategia comercial hacia prendas con fechas de caducidad, de usar y tirar. Un movimiento contra el que hay que unirse y renunciar a formar parte de él, pese a la gran presión social y al marketing agresivo que han implantado en nuestra sociedad.

Porque, detrás de cada prenda, hay miles de vidas que piden ser salvadas.

1.- https://es.greenpeace.org/es/wp-content/uploads/sites/3/2018/07/Toxic_ES_v1.pdf

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