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Apicultura sostenible y ecologíaSin polinización no hay paraíso

28 febrero, 2019by Ismael Morales0
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Por muchos es conocido que las alteraciones antropogénicas (de origen humano) pueden llegar a colapsar procesos naturales que desemboquen en una pérdida de la integridad de los ecosistemas afectados.

En los últimos años los apicultores de determinadas regiones del mundo industrializadas (Estados Unidos y Europa) han visto que la esperanza de vida de las abejas se ha reducido a menos de la mitad en los últimos 10 años. La ciencia ha tratado de averiguar el por qué de ese declive tan vertiginoso, siendo un fenómeno inquietante y misterioso que viene asociado a diferentes causas, desde parásitos, especies invasoras, pesticidas y la destrucción de su hábitat.

No hay duda de que estos amados insectos juegan un papel clave en la naturaleza, puesto que son los encargados de aproximadamente el 75% de la fecundación (junto con las mariposas) de los cultivos alimentarios del mundo. Si se monetizase, estaríamos hablando de que el valor económico de la polinización de las abejas para la agricultura actual es de 265 millones de euros, nada mal debido a su ardua labor.

Las consecuencias de su declive futuro afectarían a un importante sector comercial, lo cual acabaría afectando también a nuestros bolsillos. Se produciría un declive en la producción de alimentos debido a la reducción de organismos vegetales fecundados, produciéndose una disminución de la oferta de alimentos mundial. En otras palabras, una reducción de la producción de alimentos deriva en el aumento de su precio dando lugar a una disrupción en el bienestar social y alimentario de la sociedad.

Una vez entendido su increíble valor medioambiental, a continuación vamos a enumerar cuales son las amenazas más serias que a día de hoy presionan el bienestar y supervivencia de las abejas.

  • Plaguicidas: Destaca el Neonicotinoides, plaguicida empleado en la agricultura industrial moderna con claro efecto negativo en las abejas pudiendo causar la muerte de enjambres en su totalidad. En el  pasado 2018 entró en vigor una normativa europea que prohíbe su utilización en espacios abiertos.
  • Ácaros: Varroa es un ácaro de procedencia asiática que ha puesto en jaque a las abejas, ya que se alimenta de su sangre debilitándolas. Estos ácaros también son un vector de contagio de enfermedades de origen vírico y bacteriano. Se contagia de una colmena a otra y si se descontrola, puede llevar a la muerte de la colmena en menos de 3 años. Nosema ceranae es otro patógeno, frecuente en los países del sur del Mediterráneo, que ha demostrado ser muy dañino para las abejas. Provoca una alta tasa de mortalidad en las pecoreadoras (abejas obreras de exterior), lo que afecta al desarrollo de la colonia.
  • Especies invasoras: La avispa asiática (Vespa velutina) fue detectada por primera vez en nuestro país en 2010. Las abejas de la miel suponen un 30% de la dieta de esta avispa asiática, la cual ya ha invadido todo el norte de la península ibérica.
  • Cambio climático y deterioro de hábitats: El cambio climático provoca una modificación en los patrones de floración y provoca un cambio en el hábitat adecuado para muchas plantas. Esto provoca una desorientación en el ciclo de vida de las abejas. Por otro lado el aumento sistemático de los monocultivos en los últimos años disminuye la disponibilidad y diversidad de alimentos para las abejas, provocando una aumento en la distancia de vuelo y derroche energético en perjuicio de su alimentación.

Como observáis, nos sobran los motivos para presionar a la administración a favor de medidas para proteger y salvaguardar uno de nuestros bienes naturales más preciados y sin el cual el ser humano se vería seriamente afectado.

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